sábado, 29 de diciembre de 2012

Dalma tangencial

Y quién iba a imaginar que algo así ocurriría, demonios, quién iba a sospechar siquiera la sensación extraña de alivio, mientras mamá desgranaba lamentos y sumaba puntos entre los dedos, entrechocando aquellos ganchillos enredados de lana roja, como si tejiera los hilos de sangre que brotaran de su hija unos minutos atrás.
Y quién, en fin, perdonaría ese rehuir la visión de la agonía, ese darnos la vuelta todos en formación; la cara contra la pared y la espalda expuesta a la extinción de Dalma, joven aún, que jadeaba en un degüello. Dalma, que fue tanto tiempo centro de nuestras vidas orbitales; que derramó su ausencia en medio de un salón, de una insólita sobremesa abrupta.


El año pasado nos pareció mal que el Círculo Cultural Faroni
declarara desierto su certamen anual de hiperbreves.
Este año alguien se la ha metido doblada.
Doblada e inédita.
Indómita y mística.
Dindúmila y cacafufa.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Inquilina

a I. L.

Cierro el bar, enciendo un cigarro y dejo cinco euros en la caja. Saco dos Heineken. Las abro.
Bebo de la mía y miro la otra. Sola.

Acabo mi cigarro. Acabo mi Heineken y miro la otra. Sola. Inquilina de un recuerdo, poseída del duelo de haber perdido el tiempo, con un brillo fresco y verde de luto de mierda.
Qué sola estás, hija de puta. Y la tiro por la fregadera.

jueves, 25 de octubre de 2012

El siamo

A Pablo Gonz

Toda mi parte delantera no es sino aquello que fueron las tripas del siamo.
El siamo nació simétrico, con dos nucas, dos espaldas, cuatro glúteos. Las manos de doble dorso y talones a norte y sur.
No sé qué sierra, qué laser, qué ingenio desgajó al siamo. Ni dónde fue a parar mi gemela confrontación. Sólo sé que, a veces, si me enmimismo, siento una nariz mía apoyada en mi nariz.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Me dijo Wurlington (y III)

“Esta noche apenas he dormido. Pensaba en unas cosas, y luego en otras. Después no recordaba qué había pensado sobre las primeras. El insomnio es, sin duda, una actividad productiva. Como la tos tuberculosa. Recientemente caí en la cuenta de que tengo una almohada tan dura y tan gruesa que en ocasiones parece que es la pierna de alguien.”

jueves, 13 de septiembre de 2012

Dejar correr

Ayer empecé a bajar la persiana. Suave, sin hacer ruido.
Después de nueve o diez brazadas comprendí que no iba a terminar. La persiana corría ante mis ojos y desaparecía tras la pared. Algún rollo infinito alimentaba el universo con mi persiana. Una cinta interminable corría en mis manos laceradas.
Ha amanecido. Oigo los pájaros.
Sigo haciendo correr la cinta. No pienso detenerme. No voy a subir la persiana. ¿Qué clase de mundo puede haber ahí fuera?

lunes, 27 de agosto de 2012

Bemol, sostenido

El animal más extraño que yo recuerdo son los agujeros de la nariz de aquella chica libanesa. Puertas para respirar, con vida propia. Se movían, dilataban y crecían como si fueran a engullir todo en derredor. De frente, la nariz víctima de aquellos agujeros era una probóscide simple, ni alta ni baja, ni chata ni asesina. Sin embargo, una vez, una sola, me aventuré, desde el supuesto cobijo del regazo subyacente, a mirarlos desde abajo.
No eran iguales. Adiós al mito bilateral.
Tenían en común el portal como función, ser barbacana de un territorio pituitario; ocular, tal vez, de un periscopio para el cerebro. Sin embargo, y esto es lo temible, sus curvas eran desiguales, como si fueran a silbar notas dispares en una especie de polifonía nasal.

viernes, 17 de agosto de 2012

Instrucciones para resucitar

Escucho al vecino vociferar, y me noto muerto. Pongo la tele, les advertimos de la dureza de las imágenes que acaban de ver. Yo no miraba, pero lo he oído todo; el golpe, los lloros, el tumulto, yo qué sé; una mierda.
Tomo un libro y me detengo en las esquinas superiores, apenas dobladas; las palabras dan igual si te notas muerto.
Un refresco, una cerveza, lo que sea que haya en la nevera. Por pasar el rato. Agua del grifo. Al final, agua del grifo. Para notarme muerto bebo un vaso.
Clan, clan, me noto vivo.
Estoy.
Movería las orejas si pudiera.
Clan, clan, trrr, clan.
En el baño, clan, clan.
Me siento allí, delante, a observar. Mejor que la tele. Entre la espuma. Aunque haya sido sin querer. Para sentirse vivo hay que escuchar monedas en la lavadora.

jueves, 19 de julio de 2012

Atlantic City

Una ventana al sur, llena del polvo de muertos y desastres. Horizonte de mierda. Una ventana al norte, salpicada de las hordas que vienen al olor. Del dolor. El tabique oeste y su bum bum de vecino, y una vez un tiro.
Y en las paredes, diecisiete sombras de ti mismo, grandes, pequeñas, flacas, sombras de perdedor. Diecisiete sombras de Candy ante el espejo, también.
Si desaparecieras ahora -morirás, es un hecho-; si desaparecieras, tal vez perderías la oportunidad de levantar un día la persiana y ver que todo tiene mejor pinta.

viernes, 29 de junio de 2012

ReC

No tengo ni idea de qué hay que decir en una entrada así.
Ayer me dieron el premio anual de ReC. Conocí a un grupo de gente estupenda, y con ellos compartí una mañana moderadamente angustiosa, unas cañas después de la tensión; confidencias, temores y alegrías.
Estoy muy contento, a pesar de que ya no vaya a participar más en ReC, porque gracias al certamen he conocido a un montón de gente maravillosa, algunos de los cuales se han convertido ya en buenos amigos, y otros todavía no. Me alegro mucho de haber formado parte de un concurso que ha logrado extender el fomento de la escritura, la presencia del microrrelato. Todo ello gracias al equipo hiperactivo de la Escuela de Escritores y de Cadena SER; y gracias, por supuesto, a los cientos de participantes de cada semana.

Montse Aguilera, Javier Sagarna, Ricardo Hierro, Luis González, Joaquín Valls, Carles Francino, Germán Solís, Ignacio Rubio, Alberto Corujo, yo, Mar Horno, Luis Fernández de los Muros, Joana Bonet, Fernando Martínez.



En la azotea de la SER, con un amigo

jueves, 21 de junio de 2012

Límites


Una noche de insomnio, Wurlington tomó un lápiz y se subió a la mesa. Dibujó durante horas sus pesadillas más espantosas entre las sombras del gotelé. Y luego durmió tranquilo, saboreando la idea de que lo aterrador es la ausencia de contorno.

miércoles, 6 de junio de 2012

Los años de lluvia

Éste es uno de mis «por fin» favoritos, junto con la reciente publicación de Rosana y el que viene de Agus, el libro de Jesus es uno de los que me ha hecho estar pendiente de las webs de las editoriales. Descanso ya, y me siento a leer.
Mientras, esta noche en Barcelona, un grupo de afortunados asistirán a la presentación.

jueves, 31 de mayo de 2012

Ojalá

Hay muchos factores que pueden hacer que un texto esté bien leído. Da igual. Ojalá todos los textos se leyeran así. Ojalá. Mil gracias, Maika.

A partir del 4:24


Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.

jueves, 24 de mayo de 2012

Relatos en Cadena, votación de Mayo


Ya está disponible el formulario de votación para los micros seleccionados este mes.
Xavier Blanco se une al grupo en el que esperábamos Natalia Viana, Carmen Quinteiro y yo.

martes, 15 de mayo de 2012

Farolas en La Taberna del Callao


Javier Merchante ha tenido el enorme detalle de incluirme en su colección de audiorrelatos. Una experiencia, nueva para mí, en la que el meollo del asunto ya no está en la elección de las palabras del texto, sino en la dramatización por parte de los actores, en la música, en los efectos.


Podéis escucharlo en La Taberna del Callao

Allí también encontraréis los audios de otros microrrelatistas, como Eva Díaz Riobello, Miguel Montañés, Luisa Hurtado, Pedro, Lola Sanabria, Rocío Romero...

jueves, 10 de mayo de 2012

Montón


Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.



Micro clasificado hoy en ReC

jueves, 3 de mayo de 2012

Stock



Se entrenaban para estar muertos; un, dos, tres, ictus; hop, hop, tiro en la sien. Al sonar el silbato se levantaban y trabajaban en grupo para escenificar una guerra civil, o una buena epidemia; lo que dijera el míster. Luego, las hordas nonatas, prorrogadas, volvían a sus nidos, a esperar la llamada a filas, conminadas a una vida rápida antes de que acabara el mundo, para ir vaciando ese enorme almacén de todas las almas pendientes

martes, 24 de abril de 2012

Allí

En un pueblo que se llamaba Visavis había dos casas enfrentadas. Dos puertas, doce ventanas, cientos de agujeros en las fachadas. Y una fuente en la calle. Mugía una vaca con hambre detrás de cada casa. También había dos teléfonos sonando para ver qué tal está el abuelo.

miércoles, 18 de abril de 2012

Ritual

Abro mi baulito de herramientas, tomo el destornillador del abuelo Walter, con sus cachas de madera, con sus manchitas de sangre. Recuerdo a la abuela Doris, tan linda, tan bruja, tan llena de agujeros después. Lo empuño con fuerza y me acerco a la caja. Hay muescas en el borde, bajo la tapa, allí donde cada año apoyo el destornillador para hacer palanca y abrir la caja y mirar dentro y decir hola Doris y cerrar la tapa.
Este año Doris no está.
Me agacho tras dejar escapar un grito en blanco y tomo de nuevo el destornillador. Me acerco a la caja del abuelo Walter. Hay muescas en el borde, allí donde antes no había ninguna.

viernes, 13 de abril de 2012

Los Otros Mundos

Dejó sobre la mesa su cerveza sin terminar y salió del bar. Al final de la calle el cielo extendía ese color violáceo que se difumina con precisión hasta el negro tranquilo. No se parecía en nada al violento horizonte anaranjado que hay después de los funerales.
Contuvo la respiración y jugó con el libro que tenía en la mano. Dijo –b i e n- y comenzó a soplar lentamente. De su boca brotaron domingos de madrugada, correcciones, noches largas y pantallas de ordenador; páginas desordenadas y un corrector de Word, listas de editoriales y esperas inconclusas, sobres pesados, espirales de alambre y resguardos de envíos certificados; tres disgustos, noventa grapas, un disco duro y la tarifa plana.
Después de cuatro minutos exhalando incómodos lastres, todavía gotearon de sus labios un calcetín roto y unos trozos de uña.
Luego, despacio, cerró la boca y volvió a mirar bien lejos. Las aletas de su nariz se abrieron e inspiró. En una cascada helicoidal absurda de objetos brillantes se ordenaron enhorabuenas, palmadas en la espalda, llamadas, mensajes, reseñas, iesebeenes y un editor; fractales, vías lácteas, tres millones de risas, un centauro, una elipsis, otros mundos y una satisfacción así de grande. Y al final de toda esa descomunal esnifada alegre, vinieron, a su aire, varios miles de ojos lectores y sonrisas encantadas.

martes, 3 de abril de 2012

Evarcha falcata 2.0 Tdi









La araña tiene esos ojos, ocho, bixenon, adaptativos; asistente de aparcamiento para la jungla y almohadillas en los tarsos de su tracción total. Navegador no lleva, porque siempre anda cerca, saltando, precisa, en un ir y venir meditado.
Llama la atención el palpo, engrosado, erguido, gemelo inverso de su destino, que acciona el émbolo con el gesto del espía que coloca un micrófono bajo la mesa.
Y la seda, cribelo, calamistro de algunas, monstruos perfectos de la ingeniería animal, incomprensibles para la estupidez humana.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Cosas que ver en una foto

A Odilio, Pablo, Cortázar y Saki


El evidente pulso firme del fotógrafo hace improbable que aquello que se mueve al fondo sea otra cosa que un espíritu -llamémoslo Odilio-. Los pies, otra prueba irrefutable, no son capaces de traspasar los raíles por los que discurren las estanterías que contienen las joyas, pues Odilio vive allí. No sale.
Para no desentonar –no todo el mundo gusta de tratar con entes de tacto difuso–, Odilio viste conforme a lo establecido en cada día, en cada año, y por su camisa remangada deducimos una agradable temperatura. Esto no concuerda con el largo jersey que Pablo muestra cubriendo sus muñecas, signo inequívoco de una breve y pacífica convalecencia, vesícula, amígdalas, extirpaciones nimias.
La larga línea de la vida, las uñas cuidadas, el mimo para con los grandes objetos, no son más que muestras de que la literatura, en manos de este hombre, tiene un futuro prometedor. Gracias.
Lo demás es obvio. Una espiral de grandes autores. Tres.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Caracola

Surgió el tiburón de la caracola y arrancó la cabeza del niño que escuchaba el mar, tan real. Y luego, esa agonía rasposa del tiburón en el suelo de la cocina se vio interrumpida por un latigazo de pulpo, que brotó de la caracola para enrollarse alrededor del escualo y llevarlo de vuelta al fondo del mar, con las olas y la cabeza del niño.



Surgió el tiburón de la caracola y arrancó la cabeza del niño que escuchaba el mar, tan real. Y luego, esa agonía rasposa del tiburón en el suelo de la cocina se vio interrumpida por un latigazo de pulpo, que brotó de la caracola para enrollarse alrededor del escualo y llevarlo de vuelta al fondo del mar de la imaginación, con las olas y la cabeza del niño.

martes, 13 de marzo de 2012

Sus labores

Mamá era plañidera en una fábrica de pañuelos. Tenía los ojos marrones, de hayedo húmedo, descoloridos y azules de tan gastados. Empapaba los pañuelos y decía «una capa más, un gramo menos de fibra».
Mamá no tenía horario, se iba cuando le dolía la cabeza, y a menudo trabajaba en casa. Le pagaban el desconsuelo a peso.
Así nos mantuvo durante años, hasta que un día se secó y murió sentada en el sofá; con la foto de papá en una mano y un paquete de «aloe tissue fresh sensation» en la otra.

martes, 6 de marzo de 2012

Retrato impersonal

Trácese una sonrisa
mermada,
despacio,
con un rotulador
Carioca
de punta despeinada;
un milagro de tinta vieja.

Se añaden unos dientes
bonitos,
de brillo innecesario
bajo las mantas arrugadas
de unos labios en desuso.

Se cincela una nariz.
No es fácil;
huesuda,
importante y articulada.
Que no sea holandesa,
altiva e impertinente.

Se arranca uno
los ojos
con la cucharilla del jarabe
y los pega en el papel.

Se ofrece el retrato
al doctor
y se le dice
con toda sinceridad:
Así era mi mamá,
qué le voy a contar.



jueves, 16 de febrero de 2012

viernes, 10 de febrero de 2012

Peluche

En el arcén de la autopista el hombre sostiene un peluche ensangrentado. Mira al cielo con pinta de querer subir. Con pinta de querer subir y partirle la cara a alguien.

jueves, 2 de febrero de 2012

Eugenesia






Abro la ventana.
Sí, ahí está. Oigo la flauta.
Viene el afilador.
Rebusco en la cocina y elijo el cuchillo largo, el de cachas de madera. El mango está mellado cerca del filo, y allí reposa el pulgar, la cadera del pulgar. Acaricio la muesca con el dedo. Y la muesca responde con la sólida aspereza de un roto en un cuchillo.
Viene el afilador. Todos corremos ahora escaleras abajo. Oigo la flauta. Oigo el ruido de un millón de pasos. Sólo los locos quieren llegar primero. Sólo los torpes y los suicidas llegan segundo, tercero, cuarto... Y el resto, los sumisos, esperamos en la fila.
El afilador lleva un sombrero de dios y una sonrisa del diablo. Conoce su trabajo. Sus dedos cicatrizados se dejan querer por ese infierno entre filo y piedra. Hace su labor y se va. No se detiene a mirar cómo el primero comprueba el filo con el segundo, con el tercero, con el cuarto.

lunes, 16 de enero de 2012

Sana


En la sala de disección nunca se mueve nada. Los cuerpos, acartonados, descansan sobre las camillas mientras esperan a los estudiantes. Hoy no hay muertos a la vista. Sólo sábanas en el suelo y un rastro de charcos de formol hasta el aula; y allí, un rumor de voces sin laringe, un olor a pedos sin tripas, una pena de almas sin cerebro. Y al fondo, entre maternal y enloquecida, la voz de Damián, el vigilante, que les canta: «cura, sana, cura, sana, culito de rana».